La sexualidad y afectividad de los dioses griegos y romanos, con toda su riqueza y complejidad, debieron tomar su inspiración sin duda en la vida real de los seres humanos. Lo humano pasó a lo divino, y ambos fueron exaltados mediante el arte.

Pan (dios de los pastores y de la sexualidad masculina desenfrenada) fue hijo de Hermes (dios de viajeros, pastores, literatos, atletas, ladrones) y la princesa Dríope. Su apariencia medio humana, medio caprina, es debida a una unión que parece ser endogámica. Daphnis (dios de los pastores e inventor de la poesía bucólica) fue hijo de Hermes y de una ninfa. Otras fuentes, sin embargo, le consideran amante adolescente de Hermes y de Pan, su padre y hermanastro respectivamente. Más tarde una náyade (ninfa de agua dulce) se enamoró de este guapo muchacho y le hizo prometer que nunca se acostaría con otra mujer, bajo pena de quedarse ciego. Daphnis resistió durante mucho tiempo las constantes proposiciones que conoce bien todo muchacho hermoso, hasta que un día faltó a su promesa víctima del astuto plan de una princesa que le emborrachó para conseguir su preciado sexo. Tras perder la vista, sólo halló consuelo tocando canciones.

En esta escultura de mármol del siglo I a.C. encontrada en las ruinas de Pompeya vemos al erastés (amante adulto) Pan enseñando a tocar la siringa o zampoña a su erómenos (amado adolescente) Daphnis. La enseñanza de los jóvenes en la época clásica era más humana y esencial que en nuestra sociedad actual, incluyendo un aspecto tan importante para los adolescentes como es la práctica de la sexualidad. En esta escultura contrasta la bestialidad de Pan, con la delicadeza del guapo Daphnis que lucha internamente entre resistirse o entregarse al hombre y su enorme sexo. Pertenece a la colección Farnese, y se puede ver en el Museo arqueológico de Nápoles.

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