Barack Obama es un misterio. Mañana, 20 de enero de 2009, tomará posesión de su cargo como presidente de los Estados Unidos de América, y será el primer hombre de raza negra que ostente ese cargo. Eso ya en sí constituye un hecho histórico en un país donde el racismo contra los negros e hispanos es aún real y cotidiano. Pero Obama, es hoy por hoy, más una esperanza que se confirmará o no a partir de mañana, que una realidad de cambio en los EE.UU. Tras el desastre espantoso de la administración Bush, será fácil no hacerlo peor, pero serán los hechos concretos los que demuestren que Obama es el cambio que ese país necesita. ¿Intentará y conseguirá cambiar la actitud de los Estados Unidos en la política internacional (Israel-Palestina, Cuba, Iraq, Afganistán, el multilateralismo, la alianza de civilizaciones, etc)?, ¿cumplirá sus promesas de desarrollar y universalizar en su país la sanidad pública, la educación y los derechos civiles?, ¿apostará de verdad por una “reforma del capitalismo” que evite los desmanes de la rapiña financiera y la especulación económica mundial?. Grandes preguntas que se resolverán en las próximas semanas y meses.
En cuanto a los derechos de los gays, en ese país en el que hay tantas asociaciones y grupos religiosos confesamente ANTI-gays que fomentan el odio contra los homosexuales, también hay mucho por hacer. Los grupos gays americanos no terminan de confiar en Obama, aunque al parecer, él se ha mostrado a favor de los derechos de los gays incluído su derecho al matrimonio. Peor que con Bush no será, eso ya lo sabemos, pero deseamos que la esperanza Obama se convierta en la realidad Obama, y que esa realidad sea la profundización de la democracia, de los derechos civiles, de la igualdad y la justicia social, dentro y fuera de los USA.

El misterio Obama termina mañana. Que la realidad Obama nos sea propicia, a los gays, y a todos los seres humanos que aún tienen esperanza en este planeta.
Que los dioses y la Razón te ayuden, Barack.
culturagay.net
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Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro
Futbolista
Nacido en Madeira, Portugal, el 5 de febrero de 1985
Iniciamos esta sección de hombres guapos, con Cristiano Ronaldo, que por lo visto ha sido el mejor jugador de fútbol del mundo en 2008, y además ganó el balón de oro. ¿Qué será un balón?, debe de ser esa estúpida cosa redonda detrás de la que corren 20 chulazos para metérsela (la cosa redonda) a otros dos chulazos entre tres palos. Qué cosa más rara esto del fútbol, nosotros nos quedamos con las maravillosas piernas de los futbolistas, y en este caso con el guapísimo Cristiano, un portugués guaporro, buenorro, guapo, guapo y guapo. Y que viva el fútbol.
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La operadora de telefonía Simyo en España, presentó el año pasado esta polémica campaña en la que utilizando muñequitos Lego con aspecto y estética gay juega con dos ideas básicas. Una de ellas “el coito anal” y otra la de la promiscuidad y falta de compromiso sentimental asociados a la comunidad gay. La campaña fue ampliamente criticada tanto desde los sectores conservadores tildándola como “de mal gusto”, como por los diferentes colectivos gays que afirmaron que la campaña caía en estereotipos, prejuicios y daba una visión no normalizada y marginal del colectivo gay.
Evidentemente la campaña, desde el punto de vista publicitario, fue un éxito, creó polémica, se habló de ella, y todo el mundo se quedó con la nueva marca comercial, Simyo. Esta estrategia comercial que se basa en la provocación, se ha utilizado hasta la saciedad dando excelentes frutos publicitarios. El culmen de esta publicidad es ser censurada o prohibida, lo que hace que su éxito se multiplique aún más y su repercusión sea aún mayor. Esto lo utilizó mucho Benetton en sus campañas publicitarias con fotografías de Oliverio Toscani, y más recientemente Calvin Klein en sus campañas de ropa interior utilizando modelos escandalosamente jóvenes hasta el aniñamiento. En ambos casos culminaron el éxito publicitario con la prohibición.
En culturagay.net no somos moralistas, ni pretendemos “normalizar” eso que se llama el “colectivo gay” según los parámetros de una sociedad normalizada en su mediocridad, sus prejuicios antisexuales y su cortedad de miras. A nosotros nos gusta la campaña, nos parece bien que se hable del coito anal y que se mezclen muñequitos infantiles con los conflictos sobre la fidelidad, la promiscuidad y la posesión. Sacudir la alfombra de las conciencias, las tradicionalmente conservadoras y las neocon-gays, siempre es bueno. Así es que, nosotros también queremos un número que acabe en 5, y que nos toque hondo.

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El lenguaje perdido de las grúas (The lost language of cranes), 1986
David Leavitt, (USA, Pittsburgh, Pensilvania, 23 de junio de 1961)
Editorial ANAGRAMA.
Otras obras del autor: Baile en familia, Amores iguales, Un lugar en el que nunca he estado, Mientras Inglaterra duerme, Junto al pianista, Arkansas, El cuerpo de Jonah Boyd.
Reseña: Rose y Owen Benjamin llevan una vida tranquila y sin sobresaltos en el vertiginoso Nueva York de nuestros días. Para ambos, su matrimonio y su apartamento familiar en medio de la ciudad constituyen un remanso de paz, un refugio. Pero Rose, correctora de una editorial, oculta el anhelo de una pasión que ha estado ausente de su vida, y Owen, que en su juventud pareciera destinado a una vida más brillante, se ha recluido en un monótono aunque respetable trabajo en una escuela privada, y esconde también una obsesión inconfesable. Pero será su único hijo, Philip, quien hará estallar este apacible mundo de civilizados secretos, cuando decida airear públicamente su homosexualidad y enfrentar a sus padres con la realidad.
A principios de los 90 leí los cuatro primeros libros de David Leavitt, siendo especialmente importante para mí la lectura de su primera novela El lenguaje perdido de las grúas. Era otra época, en la literatura gay y sobre todo en mi homosexualidad, recuerdo compartir con pasión los comentarios sobre la novela con otros amigos que como yo, comenzaban a vivir su homosexualidad en el Madrid de esos años, en los que ya no había dictadura ni persecución de la homosexualidad, pero aún muy lejos del matrimonio gay y de las cotas de aceptación social (o al menos difusión social) de lo gay. Los libros, más allá de su valor literario, tienen un valor sentimental y biográfico muy importante. Esta novela de Leavitt, que me sigue gustando más que todo lo que ha escrito después, me acompañó en esos días, que ya me empiezan a resultar lejanos y entrañables, en los que yo comenzaba a ser un gay urbanita que descubría su libertad, sus deseos, sus primeros enamoramientos y las primeras decepciones sexuales y amorosas.

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Shortbus (USA, 2006)
Guión y dirección: John Cameron Mitchell
Actores: Sook-Yin Lee (Sofia), Paul Dawson (James), Lindsay Beamish (Severin), PJ DeBoy (Jamie), Raphael Barker (Rob), Jay Brannan (Ceth), Peter Stickles (Caleb), Alan Mandell, Adam Hardman, Ray Rivas, Bitch, Shanti Carson, Justin Hagan, Jan Hilmer.
Deseamos empezar la sección de cine de culturagay.net con una película que no es un clásico, pero que refleja bastante bien el espíritu que queremos darle al blog. Conocí a John Cameron Mitchell gracias a su película Hedwig and the Angry Inch (a la que también dedicaremos una entrada en este blog), una joya del musical underground que me gusta re-ver a menudo y cuya banda sonora escuché de manera frenética durante muchos meses.
Shortbus es su segunda película como director y guionista. La película muestra la vida de unos cuantos personajes neoyorquinos que acuden a un club-salón privado (el Shortbus), donde se mezcla arte, política y sexo en grupo. La película tiene la valentía de mostrar relaciones sexuales explícitas y reales, (Mitchell dice que todos los orgasmos que se ven son reales) demostrando que el cine no porno puede filmar la sexualidad humana más allá de las limitaciones repetitivas y en esencia castradas del hard-sex comercial.
A través de su sexualidad, indagamos en las inseguridades, problemas, miserias y relaciones afectivas de los personajes: una sexóloga que nunca ha tenido un orgasmo, una pareja de gays que se plantean abrir sexualmente su pareja, una prostituta especializada en la dominación, etc, etc. Shortbus nos muestra unos neoyorquinos diferentes a los de Woody Allen, mientras que los de este son neoburgueses ilustrados de izquierdas (muy conservadores en el fondo), los de Cameron Mitchell serían treintañeros/cuatentañeros desencantados que intentan sobrevivir a base de amor y sexo en la triste América de Bush tras el 11 s.
Shortbus no es un film redondo, pero es una prueba de que se puede hacer un cine, incluso en los Estados Unidos, desde planteamientos ultraliberales, valiente, indagador, y a ratos profundo, que intenta describir la orgía permanente de las emociones humanas.
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